Barbies, NO

Las Barbies ya no son lo que eran. Las continuas críticas sobre la imagen que ofrecen estas muñecas ha hecho que ahora se comercialicen modelos para todos los gustos, morenas, bajitas, curvilíneas, regordetas, etc. Ahora son muñecas que quieren representar la enorme variedad de cánones de belleza que, se supone, que debe aceptar la sociedad. Adiós a la muñeca alta, de piernas largas, grandes ojos azules y cuidada melena rubia. Pero no está todo arreglado. La solución no es cambiar las medidas de las muñecas, mientras haya Barbies no hay solución posible.

De poco sirve que ahora, la siempre perfecta, la fashion victim, la materialista e icono inconfundible de mujer consumista, la Barbie, no sea rubia sino morena o pelirroja. La realidad es que sigue siendo esa Barbie en esencia. El problema está en el fondo no en la superficie. Ahora, la idea que se traslada es que: tú chica, o mejor dicho, niña, o chica-niña, no tienes que preocuparte si no eres rubia, ni alta, sino bajita y regordeta e incluso fea, puedes seguir siendo la mujer más superficial del mundo! OH! Menudo progreso hemos conseguido.

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No hay que criminalizar a los padres y madres que hayan regalado alguna vez a sus hijas una de estas muñecas, muchas niñas las han tenido y luego no se han querido convertir en una de ellas. Otras sí. Ahí ya cada una con su conciencia, o con sus luces o falta de ellas. El lastre está en la idea de que si nace niña hay que vestirla de rosa, ponerla coletas y, como no, darle Barbies. Mal. En estas ideas ya sí que comienza el problema. De niñas todo es inocencia, arcoiris y felicidad, nadie te va a insultar por tu imagen pero luego llega la adolescencia, llegan los grupos, llegan los primeros chicos, y esas niñas quieren gustar. Esto es así y no hay más, forma parte del instinto básico de cualquier ser vivo, gustar para atraer y procrear. Siempre perfectas para que se fijen en ellas, y si no lo hacen llegan las frustraciones, las inseguridades, y en casos extremos, trastornos de alimentación o ansiedad. Tan jóvenes y tan infelices, ¡qué crimen! La niña que jugaba con Barbies, no consigue ser una de ellas y se entristece por ello, lo realmente triste es que pase esto.

Barbies que quieren gustar a un Ken. Barbies que aunque ya no sean altas y rubias, siguen siendo Barbies. Inocentes, sumisas, frívolas y consumistas. ¿Y si sales retorcida, rebelde y protestona? Ya no eres Barbie…te jodes, como mucho, Barbie ‘hija puta’.

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En la educación está la clave, hay que educar en igualdad, si regalas una Barbie, ¿porqué no también otras cosas que escapan de lo tradicionalmente considerado femenino? Así, estas niñas, futuras mujeres, sabrán valorar otras cosas más allá de su imagen. Cuidar el interior, leer, aprender, conseguir una personalidad crítica para poder avanzar, evolucionar y saber luchar contra las injusticias que recaen contra el sexo femenino. No se puede negar que la imagen es importante, es el punto de partida de cualquier atracción. Primero unos ojos o un culo y luego todo lo demás. Un orden de atracción que por cruel que suene es muy real. Hay que aceptarlo y conseguir, que aunque haya sido tu sonrisa en lo primero en lo que se ha fijado el de enfrente, puedes hacer que te valore y te aprecie por tu personalidad.

Una continua lucha entre lo superficial y lo íntegro, entre los pasión y la razón, entre el físico contra el interior…Una batalla que acompaña la vida de las personas porque está presente en la sociedad de occidente. Sin ir lejos, España tiene su propio Ken, hola Pedro Sánchez. Claro ejemplo de político guapo, o muchos lo ven así, carismático, vamos puro markiting televisivo. Es un ejemplo de que puedes conseguir éxito de forma rápida con tu imagen, pero es ya muy sabido que aquel éxito que llega rápido…rápido se evapora.

El problema de la imagen que venden las Barbies sigue la línea de lo que pasa en España, lo que se llama postureo español. Se intenta vender a toda costa la imagen de marca de un país haciendo que brille su sol, sus playas, su vino y sus toros. Es éste otro ejemplo del daño que puede ocasionar dar importancia a lo superficial, dejando de educar las mentes, todo fachada. Mentes reducidas sí pero en cuerpos esculturales, falta de cultura presentada en vestidos de Armani y billetes de 500. Eres una mujer sin ideas ni aspiraciones, pero guapa. Presumimos de vivir en una sociedad multicultural y en realidad es conformista e inculta.

Recuerda siempre que no tienes porqué descuidar tu imagen pero para el bien de todos, y sobre todo para el tuyo mismo, preocúpate también por enriquecer tu cabecita, solo así podrás hacerte valorar, y nada ni nadie te podrá frenar.

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