Ritmos frenéticos

A toda velocidad y sin frenos, ritmos frenéticos, vivencias rápidas, parones en seco y luego a seguir. La gente ya no se para a pensar, agarran lo que llega y se conforman. Apenas hay nombres solo cuerpos, y entre ellos, el tuyo y el mio.

Le miras, te atrae, te gusta, precipitas, precipicio. Adrenalina, unos vuelos y luego caída. Y no tienes alas; con las prisas las olvidaste o quizá no las tenías aún reparadas porque no habías sanado. Te habían dañado, habías sufrido y tus alas seguían rotas.

Es un ritmo marcado por el egoismo en donde el romanticismo queda aparcado y olvidado. No hay mañanas, es “ahora o nunca”. La sociedad nos impulsa a no pensar y a precipitarnos. Ya no se valoran las miradas, los alagos y los “te quiero”. Ya solo sirve la picardía. Pícaros todos. Dejas la inocencia en casa para que te aplaudan porque solo quieres vivir para luego olvidar.

A medio gas. Mantienes el ritmo sin comprometerte hasta que tus alas se reparan y puedes volver a volar. Decides que esta vez quieres ir más despacio, aprender del otro poco a poco, pero el ritmo que te rodea sigue siendo frenético. Siguen las prisas y de nuevo caes en el juego, a dos velocidades, tú quieres ir despacio pero te ves obligado a acelerar. A todo gas. De nuevo te precipitas, precipicio, caída. Alas rotas, corazón dañado e inseguridad.

Ahora toca perdonar. Perdón, perdonas, olvidas. Pasa el tiempo. Y un día, llega el encuentro, reencuentro. Decides retomar y confiar. Todo es apto en esta sociedad a dos velocidades. Si juegas porque juegas, si te enamoras porque te enamoras, todo se critica. A veces llegan oportunidades a destiempo, son una opción atractiva pero no es tu mejor momento, no estás preparado, te asustas y vuelves a volar. Es duro, dificil, y ambas partes sufren, el que vuela porque le da rabia tener que dejar atrás esa buena oportunidad, y el que se queda esperando porque no entiende el “porqué” de la partida.

Al final lo importante son las formas, como afrontes cada situación, y sobre todo conocerte a ti mismo antes de querer desplegar las alas. Al final es importante recordar que también tenemos pies con los que ir dando pasos, lentos y acertados, antes de volar rápido para volver a caer.

Victoria.

 

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