Tinta

Uno de los grandes problemas a la hora de relacionarnos con los demás es la excesiva importancia que le damos a las apariencias. Siempre hemos escuchado la frase de que las apariencias engañan, y esta afirmación es, en parte, el comienzo del problema. Si analizamos esta afirmación al detalle, viene a explicar que no podemos juzgar a una persona por la ropa, el pelo o la esencia que vaya transmitiendo. Puede parecer una persona tosca por ir de negro, con greñas y las zapatillas desgastadas, pero en el fondo ser todo un oso amoroso. Bien, compro la idea de que no siempre es oro todo lo que reluce y las modas son las modas. Se puede vestir de esa determinada forma por que es un estilo que se lleva.

Hasta aquí bien. Pero, también soy defensora de que el estilo es personal y cada uno elige aquel con el que se identifica más. Por ello, si cada uno elige lo que se pone, también está optando por transmitir  una idea u otra de si mismo. Hay momentos en la vida en los que nos cerramos más en nosotros mismos, y en cambio en otros, nos vemos con fuerza para comernos el mundo. Todo ello es aprendizaje, a veces estamos arriba, otras veces abajo, y  en otras ocasiones nos encontramos buscándonos por mitad del camino.

Si elegimos un estilo es porque nos sentimos cómodos con él, no solo con la ropas sino con todo lo que lo rodea, la música, las letras, los movimientos sociales… como ya he explicado más veces, la moda no solo habla de unos pantalones y un par de zapatos, tiene alma y vida. Va mutando y cambiando porque son las personas las que se apropian de ella y la hacen cambiar.

Con todo esto, se puede resumir que cada uno viste así porque le da la gana, y en su elección está vertida la voluntad de transmitir un sentimiento, de mostrar al mundo quién es él y qué quiere conseguir. Ahora bien, que me decís de los tatuajes? Uno de los ejemplos más significativos que demuestran que las personas tendemos a juzgar a la gente. Pues bien, si ves a alguien con tatuajes no te escandalices no se ha escapado de una prisión, ni se le ha muerto el gato o quiere acabar con la población. Es una persona normal y corriente que traslada ciertos momentos de su vida a su cuerpo. Decisiones, sentimientos, vivencias, alegrías y frustraciones. Momentos que no quiere dejar escapar y los tatúa en su piel. Una etapa que quiere recordar para siempre.

“No te hagas más tatuajes, es de raquera”. Amén. Una de las frases que más he tenido que escuchar en los últimos meses. Sé que no lo dicen a malas, es su opinión, y la opinión es… libre? Bueno, nos creemos que es libre, en realidad está condiciona por los prejuicios que dicta la sociedad. Los tattoos siempre han estado mal visto, aunque vayamos de modernos. Ésta idea sigue ahí de forma sutil y genera la opinión que otros usarán más tarde, como si fuera propia. Pues no, está condicionada, sorry.

Vamos de modernos, tolerantes y cosmopolitas pero nos queda un largo camino. Lo mejor es comenzar por el respeto en la decisión de cada uno. Al fin y al cabo, es su cuerpo no el tuyo. El siguiente paso, será no juzgarlos.

Victoria LQ

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